Esta es la crema que hago cuando quiero aprovechar verduras sueltas y no me apetece pensar demasiado. No sigue una fórmula rígida: la idea es usar una base razonable, cocer bien y ajustar al final para que no quede triste.
Qué suelo meter
- Cebolla o puerro para arrancar.
- Patata para dar cuerpo.
- Calabacín, zanahoria, brócoli o lo que tenga pidiendo salida.
- Agua o caldo y un buen aceite al final.
Cómo evito que quede plana
- No pasarse con el agua desde el principio.
- Ajustar sal, pimienta o comino al final.
- Sumar algo que contraste: yogur, queso, semillas o pan tostado.
- Triturarla bien y corregir textura antes de servir.
Por qué me sigue resolviendo
Porque es flexible, barata y útil para limpiar la nevera sin sentir que estás improvisando mal. Además, conecta muy bien con las verduras de temporada baratas, otras cremas fáciles para cenar y organizar mejor la semana.

